Backrooms
★★★★☆
Título original
Backrooms
Título en España
Backrooms
Dirección
Kane Parsons
Reparto
Chiwetel Ejiofor
Renate Reinsve
Mark Duplass
Año
2026
Duración
1h 50min
Género
Misterio
Terror
Los Backrooms son una de las piezas del folclore digital más fascinantes surgidas de Internet. Su leyenda, creada de forma colectiva, comenzó con la fotografía de una tienda de muebles abandonada en algún lugar de Wisconsin, Estados Unidos, subida al foro 4chan en 2019. La imagen aunaba el poder nostálgico e inquietante de los espacios liminales, dando pie a un fenómeno cuyo fandom creció exponencialmente impulsado tanto por la cultura creepypasta como por el aislamiento derivado de la pandemia de Covid-19.
En 2022, un joven de tan solo 16 años llamado Kane Parsons (California, 2005) contribuyó decisivamente a popularizar la leyenda con una serie de vídeos publicados en YouTube. Lo que en origen era una extraña idea nacida en los márgenes de Internet terminó cristalizando en una de las piezas más influyentes del terror contemporáneo, hasta el punto de generar un ecosistema propio de relatos, teorías y expansión audiovisual. Cuatro años después, y con el respaldo de A24, Parsons adapta al largometraje su serie de culto sobre espacios liminales. En el momento de escribir estas líneas, Backrooms ha batido récords históricos de taquilla, no solo para la productora y el propio director, sino también para el género de terror.
Más allá del fenómeno concreto, el caso de Backrooms se inscribe en un movimiento reciente en la industria: el de autores extremadamente jóvenes capaces de irrumpir directamente en la taquilla y alterar ciertas dinámicas de producción y distribución. Ha sucedido con títulos del circuito contemporáneo como Obsession (2025), de Curry Barker, donde creadores digitales con millones de seguidores y sin recorrido previo en Hollywood logran situarse en lo más alto de las listas de recaudación. En paralelo, la tecnología ha permitido que estos autores desarrollen, produzcan y distribuyan sus propias historias sin depender necesariamente de grandes estructuras industriales, como demuestra el origen de la serie de Parsons en YouTube o los casos de Iron Lung (2026) de Mark "Markiplier" Fischbach y del propio Curry Barker con Milk & Serial (2024).
En su génesis en Internet, el primer vídeo de la serie, The Backrooms (Found Footage) (2022), realizado de forma autodidacta por Kane Parsons con Blender y After Effects, ya establecía un lenguaje audiovisual de gran poder sugestivo basado en aquella fotografía original subida a 4chan. A partir de ahí, el joven californiano no solo expandió el universo en formato serial, sino que también ha liderado aspectos clave de la adaptación cinematográfica, como la dirección y la composición musical. El dúo electrónico escocés Boards of Canada, una de las influencias reconocidas de Parsons y referente habitual de la sensibilidad hauntológica, contribuye además a la banda sonora con una canción. La producción, por su parte, ha apostado por un enfoque físico notable: se construyeron cientos de metros de set para recrear los laberintos de los Backrooms, evitando depender del CGI para su antagonista, en favor de una materialidad más opresiva y tangible.
Añadir explicaciones es probablemente lo peor que puede sucederle a una idea tan intrigante como la de los Backrooms.
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Existen dificultades inherentes a la tarea de adaptar los Backrooms al largometraje, ya que resulta complicado expandir un concepto tan sencillo sin caer en desarrollos argumentales más convencionales. Añadir explicaciones es probablemente lo peor que puede sucederle a una idea tan intrigante como la de los Backrooms. Cuanto menos se explique al espectador, mejor. Aun así, Parsons mantiene gran parte de la simplicidad que hizo famosos sus vídeos originales, añadiendo nuevas capas sin diluir por completo la atmósfera que los convirtió en un fenómeno. La película, como la serie de YouTube, funciona en cierta medida como un test de Rorschach para la audiencia, aunque aquí el autor parece orientar el relato hacia los entresijos de la mente humana.
La incorporación de explicaciones sobre los personajes, así como de una organización científica y sus investigadores, resta fuerza al misterio, aunque se trata de un desarrollo casi inevitable en este tipo de traslaciones al largometraje. El ansia de dotar de lógica a lo inexplicable ha acompañado históricamente a relatos similares. Antes recorrieron caminos cercanos obras como el videojuego Half-Life (1998), Lost (2004-2010) o Stranger Things (2016-2025). De todas ellas, quizá Cube (1997) sea el ejemplo que mejor entendió que el minimalismo y la ausencia de respuestas podían resultar más inquietantes que cualquier explicación.
Aun así, Backrooms sale airosa de una adaptación que, sobre el papel, parecía difícil de expandir sin traicionar su esencia. (FIN)
︎ Alberto Serna
©Monolito
MMXXVI