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Nova Lituania


★★★☆☆



Título en España
Nova Lituania

Dirección
Karolis Kaupinis

Reparto
Aleksas Kazanavičius
Vaidotas Martinaitis
Valentinas Masalskis
Rasa Samuolyte

Año
2019

Duración
1h 37min

Género
Histórico
Drama

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, la república independiente de Lituania se encuentra bajo la inminente amenaza de ocupación extranjera. Un quijotesco catedrático de geografía parece haber dado con la solución. La idea, sin embargo, no será fácil de digerir. El debutante Karolis Kaupinis rescata la historia real de un profesor lituano y del plan que urde para salvar el país báltico mientras su matrimonio colapsa por el camino.


Todos los nombres de los personajes en Nova Lituania son ficticios. Pero la historia de Feliksas Gruodis en el papel de un geógrafo decidido a salvar su patria de lo inevitable a través de un peculiar plan y los paralelismos con su vida personal ocurrieron en la realidad. Al parecer, además de los protagonistas directos, solo un selecto grupo de historiadores lituanos conoció los detalles de este singular episodio acaecido en el periodo de entreguerras europeo. Fueron también ellos los responsables de preservarlo.

Karolis Kaupinis (Vilna, 1987), había escuchado parte de la historia y decidió indagar en ella atraído por su excentricidad y actual relevancia. El guionista y realizador ha trabajado como editor de noticias de política extranjera para la radiotelevisión de su país, dirigiendo, además, un par de cortometrajes de corte político: Triuksmadarys (2014) y Budejimas (2017). Nova Lituania, preseleccionada para los Óscar, constituye su debut en largometrajes.

Tomando la crónica del personaje de Feliksas Gruodis como eje central, Kaupinis construye un relato de época, pero que a la vez resulta contemporáneo y reflexivo para audiencias de hoy. El producto final es una tragicomedia cuasi-real con matices —el día a día de los dos principales personajes, así como sus interacciones, no quedaron registrados en ningún documento histórico, por lo que el director rellena los huecos ficcionalizando con rigor y delicadeza.


En febrero de 1938, Lituania se encuentra conmemorando 20 años de independencia, cuando sus más grandes y más belicosos vecinos comienzan a comprometer la débil estabilidad del joven país. La capital histórica lituana, Vilna, se halla bajo el control de Polonia; Alemania amenaza la orilla del báltico y, mientras tanto, la Unión Soviética tiene también la vista puesta en la pequeña pero estratégica república.

Es en este contexto donde la película introduce en primer lugar a los dos hombres al mando del gobierno de Lituania. El presidente, interpretado por un imponente Valentinas Masalskis, es un personaje dado a edulcorar la realidad, más preocupado por salvaguardar su imagen y por la recepción de sus patrióticos discursos —los cuales ni siquiera redacta personalmente— que por encarar la verdad que se le avecina a su país (quizás consciente de que cualquier resistencia es en vano). Su servicial mano derecha, el primer ministro de Lituania, Jonas Servus (Vaidotas Martinaitis), es, por el contrario, una figura gris, dedicado plenamente a su país pero con falta de autoestima y un corazón débil.

Consciente de las señales de alerta en el horizonte, y tras un desafortunado incidente en la frontera con Polonia, el presidente delega en su primer ministro la hercúlea tarea de componer una estrategia de defensa imposible, convirtiéndolo así en cabeza de turco de un fracaso anunciado. El estrés y el sobresfuerzo acabarán por pasarle factura.

“Mirar al pasado puede ayudarnos a entender el presente mejor que el presente.” — Karolis Kaupinis.


︎


En este punto de la introducción conoceremos al verdadero protagonista de Nova Lituania. Durante cinco años, Feliksas Gruodis (Aleksas Kazanavicius), catedrático de geografía, se ha dedicado a elaborar un romántico plan para liberar a su país de la irremediable amenaza de invasión. “Backup Lituania” consiste en trasladar al país a un nuevo territorio colonial fuera de Europa donde nadie los moleste. Entre los candidatos para la operación éxodo, Angola, Brasil, Alaska o Quebec. Con la etiqueta de excéntrico y soñador, Feliksas no es tomado en serio en los círculos académicos; tampoco en casa, donde la ausencia de hijos y la obsesión por su trabajo han enfriado su relación con Veronika (Rasa Samuolyte), en un matrimonio, que al igual que Lituania, está a punto de apagarse.

Espoleado por la nueva perspectiva que otorga sobrevivir a un infarto, relegado como primer ministro y, también movido por una cierta intriga, Jonas Servus decide escuchar la teoría de Feliksas y comenzar a preparar “Backup Lituania” en secreto. Entre ambos personajes comenzará a forjarse una entrañable relación que culminará con un viaje en coche a la costa báltica para que el ex-primer ministro conozca el mar por primera vez —justo el día en que la principal ciudad portuaria lituana, Klaipeda, ha sido tomada por la Alemania nazi—, en el que probablemente sea el momento más conmovedor de la cinta.


Nova Lituania destaca por una sobria y elegante fotografía en blanco y negro a cargo de Simonas Glinskis. Parca y mesurada, su formato de cuatro tercios se acerca a las cuadradas proporciones fotográficas de la época, logrando además transmitir el ambiente de progresiva pérdida de libertad territorial y opresión emocional de los personajes conforme avanza la trama. A esta atmósfera contribuye el excelente guion de Karolis Kaupinis, deslizándose entre un casi imperceptible humor irónico y una contenida melancolía. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Lituania acabaría absorbida por la Unión Soviética hasta el año 1991.

Es en el uso de un doble hilo argumentativo —el político y personal—, que en ocasiones resta dinamismo a la narrativa principal, y en el particular contexto histórico regional donde, quizás, Nova Lituania pueda resultar difícil de seguir para una audiencia no familiarizada con la historia del país báltico o la geopolítica europea. Si bien, como apunta su director en una entrevista, «mirar al pasado puede ayudarnos a entender el presente mejor que el presente». Los paralelismos son obvios. (FIN)

︎  Alberto Serna